Del Delay al Depose

En los escaparates de Macy's, una casaca verde Levi's de $225 se agota en cuestión de horas. No es el último grito de la moda ni una colaboración exclusiva. Es la misma prenda que vestía el presunto asesino del CEO de UnitedHealthcare. En Washington Square Park, jóvenes se reúnen para un concurso de imitadores del "CEO Shooter", mientras en Amazon y Etsy proliferan productos con lemas relacionados con el caso. La sociedad estadounidense, aparentemente, ha encontrado su nuevo anti-héroe.

Las D del sistema vs. Las D de la resistencia

El sistema de seguros de salud estadounidense se ha construido sobre una estrategia conocida como las tres D: "Delay, Deny, Defend" (Retrasar, Denegar, Defender). Una metodología calculada para maximizar ganancias a costa del sufrimiento humano:

  • Retrasar: Crear laberintos burocráticos hasta que los pacientes se rindan
  • Denegar: Rechazar reclamos usando tecnicismos y letra pequeña
  • Defender: Agotar recursos legales para evitar pagos

En contraste, las balas que acabaron con la vida de Brian Thompson llevaban grabado un mensaje diferente: "Deny, Defend, Depose". La sustitución de "Delay" por "Depose" (deponer) no es casual. Es una declaración de intenciones, un manifiesto grabado en metal que sustituye la resignación por la acción directa.

El precio de la vida

En 2023, mientras el CEO de UnitedHealthcare, Brian Thompson, recibía un bono de más de 10 millones de dólares, los algoritmos de su empresa trabajaban incansablemente para maximizar ganancias a costa de vidas humanas. UnitedHealthcare no solo usaba IA para expulsar ancianos de residencias, sino que también presionaba a médicos para sobrefacturar y construía barreras burocráticas para negar atención.

La compañía facturó $281,000 millones ese año, cada dólar teñido con el sufrimiento de pacientes que morían esperando aprobaciones. La matemática era simple y brutal: cada reclamo denegado, cada tratamiento retrasado, cada vida destruida se convertía en un número positivo en la columna de beneficios.

La estética de la revolución

La transformación de una casaca ordinaria en símbolo de resistencia no es casual. Como los sans-culottes de la Revolución Francesa, la vestimenta se convierte en identificador de bando. La diferencia es que hoy no hablamos de campesinos contra aristócratas, sino de una clase media devastada por un sistema de salud predatorio.

El fenómeno de los concursos de imitadores y la mercancía viral revela nuestra desconexión moral moderna: convertimos la tragedia en espectáculo, el dolor en meme, la protesta en producto comercializable. Es la revolución en la era de TikTok.

La paradoja americana

Aquí yace la contradicción más profunda: los mismos ciudadanos que celebran la caída de un CEO son quienes apoyan políticas que fortalecen el poder corporativo. Votan por Trump mientras aplauden acciones anticapitalistas. Critican el sistema mientras compran mercancía que comercializa su propia protesta.

Es el mismo patrón que vimos con GameStop en 2021: una población desesperada por golpear al sistema, pero atrapada en sus mecanismos. Los "pequeños inversores" de Reddit se unieron entonces para atacar a los fondos de inversión, convirtiendo una acción moribunda en un arma contra Wall Street. Celebramos los memes de "diamond hands" y "to the moon", mientras fondos multimillonarios temblaban. Era la fantasía de David contra Goliat en versión financiera.

Pero algo ha cambiado fundamentalmente. Ya no hablamos de acciones y opciones, sino de balas y sangre. La transición de r/wallstreetbets a Washington Square Park marca una escalada perturbadora: de perder dinero para dañar al sistema, a perder vidas. La diferencia es que hemos pasado de la especulación financiera a la violencia física, de los memes de Reddit a los concursos de imitadores de asesinos, de las pérdidas monetarias a las pérdidas humanas. El "YOLO" de GameStop se ha convertido en el "Deny, Defend, Depose" de Mangione. La desesperación sigue siendo la misma, pero sus manifestaciones se han vuelto letales.

¿El inicio de algo más grande?

Los paralelos con momentos pre-revolucionarios son inquietantes:

  • Desigualdad económica extrema
  • Descontento social generalizado
  • Pérdida de fe en las instituciones
  • Glorificación de actos de resistencia violenta
  • Unificación temporal de izquierda y derecha contra un enemigo común

Sin embargo, a diferencia de 1789, nuestra revolución se comercializa en tiempo real. Cada acto de resistencia se convierte instantáneamente en producto, cada protesta en contenido viral.

La pregunta incómoda

¿Qué dice de nuestra sociedad que un asesinato genere no horror, sino celebración? ¿Qué revela sobre nuestro sistema de salud que la muerte de uno de sus ejecutivos, que ganaba millones en bonos mientras negaba tratamientos vitales, provoque tal respuesta pública?

Mientras la casaca verde se agota en las tiendas y los memes inundan las redes, una pregunta incómoda flota en el aire: ¿Es esto el principio del fin de un sistema, o solo otro episodio de resistencia que será absorbido y comercializado por el mismo sistema que pretende desafiar?

La historia nos enseña que las revoluciones reales comienzan con ideas, no con balas. Pero también nos muestra que cuando las ideas son sistemáticamente ignoradas, las balas eventualmente hablan. En el caso de Luigi Mangione, estas balas llevaban grabado su propio manifiesto, una respuesta directa a un sistema diseñado para maximizar ganancias a costa de vidas humanas.